No viven en nuestro plano, y aún así son capaces de rozarlo para tocarnos, y al hacerlo, todo se vuelve negro y triste.
Estos seres, fantasmas, diablillos, espíritus; los hemos llamado de tantas formas, pero son solo Algos, indefinibles y aún así formados, diferentes para cada uno de nosotros pero iguales en intenciones.
No fueron creados por un Mal, sino que son, y al Ser buscan seguir siendo, y para serlo corrompen la felicidad y se alimentan de sus destrozos.
Cada uno de nosotros carga un Algo, rollizo y feliz si ha logrado su cometido, atormentarnos, saciarse de nuestra pena; o enclenque y débil si hemos sabido superar sus intenciones, pero a ninguno nos abandonan, nunca, pues nadie es completamente feliz.
Han abusado del hombre a su manera, y en ocasiones se han regocijado de lo que el hombre mismo puede hacer y los alimenta.
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